Faltándome al respeto de mi propio ser, tuve un lapsus aquella vez. Crecí como crece una mariposa, tras estar encerrada en esa cárcel de seda, hasta saber que era el momento de volar. Ese vuelo sería distinto a las andanzas anteriores. Fue difícil salir, pero la luz la llamaba a salir de esa oscuridad, y todo salió bien. Sabría dónde tenía qué ir, qué tenía que hacer y cómo. Su vuelo le llevaría al lugar donde realmente quería, siempre y cuando el camino supiera hacerlo. No estaría sola, eso lo sabía. Aquella otra mariposa la había estado esperando. Supo ver la miel en sus ojos y sabía que con ella, y sólo con ella llegaría al final del camino. Su apoyo y paciencia fue lo que la hizo ser libre.
Los momentos de debilidad son los que te hacen es ser mejor persona. Aprende de ti misma y enséñale a tu corazón al lado de quién quieres estar y su porqué. Todo servirá para algo, para reforzar tu vida más allá de aquello por lo que luchas todos los días. Tu amor se lo darás a aquellos que realmente lo valoren y a aquél que sepa cuidarlo como su más preciado tesoro. Tus vínculos crecerán al mismo tiempo que tú y tu madurez.
Sólo has de saber quién estará contigo.

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